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dimecres, de maig 11, 2005

Literatura

. dimecres, de maig 11, 2005
11 comentaris

Imre Kertész a Lateral.

Miháli Dés: Tenemos testimonios y reflexiones excepcionales sobre la naturaleza del nazismo y la vida en los campos de la muerte, pero usted es tal vez el único que, tanto en sus ensayos como en su novela Sin destino, ha sido capaz de establecer la relación directa entre Auschwitz y la pacífica vida burguesa de la época de entreguerras. Es la tesis de los "pequeños pasos", de las pequeñas concesiones, que finalmente condujerona a Auswitchz. En su opinión, ¿desde esta sala también podría haber un camino hipotético que lleve a Auschwitz?

Imre Kertész: Auschwitz realmente se creó gracias a pasos muy sencillos. Se creó la realidad de Auschwitz, es decir, lo produjo nuestra forma de vida normal, aquella que la gente normal vivía en los años treinta.

Miháli Dés: ¿Esto lo comprendió mucho después o ya lo supo entonces?

Imre Kertész: ¡No, por favor! Uno vive en ciertas circunstancias, y creo que nuestra educación fue tal que nos hizo aceptar lo inaceptable. A mí, por ejemplo, como judío que vivía en Budapest, me enseñaron a adaptarme al poder, cuyo objetivo final era exterminarnos. Es decir, a los niños los educaron en una disciplina que rompía su resistencia. Todo en lo que vivíamos era falso; toda la sociedad, el contenido esencial de la sociedad, se basaba en la mentira. Y la gente aceptaba dar esos pequeños pasos. ¿Qué fueron esos pequeños pasos? Fueron fechas históricas concretas. Por ejemplo, en 1920 el parlamento húngaro promulgó una ley sobre el numerus clausus, que significaba que todas las minorías podían acceder a los estudios superiores sólo en la proporción que representaban numéricamente. En realidad, esto fue una ley contra los judíos, que suponían el 6% de la población, pero que en las carreras universitarias estaban representados en un porcentaje muy superior. A partir de entonces, sólo podían acceder a la universidad en un 6%. Y la sociedad judía de Hungría aceptó esto. Más tarde, Hungría entró en la Segunda Guerra Mundial. Y, en el colegio, hasta yo mismo llevaba la típica gorra de la nobleza húngara. Llevábamos un uniforme que evocaba el traje de gala de los aristócratas húngaros, participé en las fiestas nacionales y acepté dar todos los pasos que me pidieron y que al final me condujeron a Auswitchz. Me subí al vagón de transporte de ganado con tanta naturalidad como si se hubiera tratado de unas vacaciones pagadas por mis padres, y no tenía ni la más mínima idea de lo que podía esperarme. Ni podía tenerla, eso era inimaginable. Auswitchz fue inimaginable. Las cámaras de gas, el Holocausto... Con los que hice el viaje y con los que estuve en el campo, todos ve-nían de una pacífica vida civil como yo, y ninguno tenía la menor idea de adónde iban a llevarle. Hasta los guardias tenían una visión falsa, errónea, de lo que estaban haciendo, de su obligación y su deber. Ellos también venían de la vida civil, había entre ellos padres de familia. El comandante de Auschwitz, por ejemplo, era un excelente padre de familia, ha dado mucho por sus hijos y en su casa se portaba como un ejemplar padre de familia. Esta esquizofrenia no le causó ningún problema; es más, se sentía humanista, porque con el gas cyclon-B abreviaba la agonía y los suplicios de los seres humanos. Usted me preguntó si Auschwitz tiene que ver con nuestra vida cotidiana: Auschwitz se hizo porque nosotros éramos capaces de hacerlo. Los que estábamos en Auswitchz queríamos sobrevivir, por lo tanto, aceptamos la lógica del campo, y esa lógica fue la que nos ayudó a sobrevivir. Luego, al volver del campo de concentración, encontramos que la sociedad ya había cerrado nuestro caso. Lo resolvió encontrando un lenguaje completamente sin sentido para estos acontecimientos sin sentido. Hablaron de las "víctimas" y "los perseguidos", palabras que no explicaban nada pero ayudaban a apartar el asunto. Tampoco el protagonista de Sin destino entiende esas palabras, pues ¿cómo puede ser inocente quien ha sobrevivido en el campo de concentración? ¿Por qué quieren liberarle de la carga de su vida? Era una ilusión pensar que se podía darle un carpetazo a los campos de concentración con tanta facilidad y rapidez. Eso tan sólo creó una apariencia, una conciencia falsa, porque el problema se mantenía vivo y seguía trabajando en el subconsciente.